Al igual que el libro que comenté hace unas semanas, esta novela de Julio Llamazares ha venido recomendada por una compañera de tertulias literarias, no muy frecuentes, pero sí intensas.
Se trata de un impresionante monólogo del último habitante de un pueblecito de los Pirineos que nos va contando cómo se quedó solo y cómo ha vivido en soledad esos últimos años esperando la muerte.
Pero lo más destacable no es el argumento, que se resume de forma sencilla, sino cómo están narrados los pensamientos y reflexiones del protagonista, tanto por el lenguaje utilizado como por la estructura temporal y por supuesto por el contenido de esas reflexiones.
Es una novela triste, pero hermosa, cuya lectura he disfrutado.
Sinopsis